Más allá de su valor histórico o literario, Cabalgando entre dos tiempos puede leerse como una reflexión profunda sobre la identidad. ¿Quiénes somos cuando el mundo en el que crecimos deja de existir? ¿Cómo se construye una vida cuando las certezas heredadas ya no funcionan?
Faustino de Garay encarna esas preguntas de forma constante. Nacido en una familia acomodada, educado en unos valores tradicionales y destinado a una carrera militar casi por inercia, vive en un momento en el que todo ese sistema empieza a resquebrajarse. La novela no presenta este proceso como una transición ordenada, sino como una acumulación de tensiones.
El protagonista no es un revolucionario ni un reaccionario convencido. Se mueve entre posiciones, a veces por convicción, a veces por necesidad. Esa ambigüedad es uno de los aspectos más interesantes del personaje, porque lo aleja de los arquetipos habituales del género.
La familia Garay funciona como un espejo de la España del momento. Martín representa la razón ilustrada y la voluntad reformista; Joaquín, la radicalización que provoca la violencia; Sebastiana, la resistencia íntima frente a la pérdida. Faustino observa, participa y se deja arrastrar, sin llegar nunca a una posición completamente firme.
La memoria juega aquí un papel central. El Faustino que escribe no es el mismo que actuó. El paso del tiempo introduce una mirada crítica que no busca absolución, sino comprensión. La novela muestra cómo las decisiones se toman siempre desde un presente limitado, sin conocer sus consecuencias futuras.
Este planteamiento conecta con una idea clave del libro: la Historia no se vive como relato, sino como incertidumbre. Los personajes no saben qué vendrá después, no intuyen qué episodios serán «importantes» para los libros de texto. Solo reaccionan a lo que tienen delante.
En ese sentido, Cabalgando entre dos tiempos es una novela profundamente anti-determinista. No hay un destino claro ni un camino trazado. La guerra, la política y las relaciones personales se entrelazan de forma caótica, como ocurre en la vida real.
El lector asiste así a un proceso de construcción y desgaste de la identidad. Faustino no termina siendo quien imaginaba, ni quien su entorno esperaba. Y esa distancia entre expectativa y resultado es, quizá, uno de los temas más universales del libro.
Sin necesidad de subrayados ni mensajes explícitos, la novela invita a reflexionar sobre cómo atravesamos los cambios históricos y qué queda de nosotros cuando todo alrededor se transforma. Esa es, probablemente, la razón por la que Cabalgando entre dos tiempos trasciende el mero interés histórico y se convierte en una lectura relevante también desde el presente.


